Arquitectura circular en Berlín: aprender de la transformación del paisaje construido
Autor: Olga Schäfer
La arquitectura circular nos invita a cambiar nuestra manera de mirar las ciudades. Antes de demoler, sustituir o construir de nuevo, podemos preguntarnos qué merece permanecer, qué puede repararse, qué materiales pueden recuperarse y qué puede adquirir una nueva vida. Berlín ofrece un escenario excepcional para comprender esta forma de intervenir: una ciudad que puede leerse como un palimpsesto, donde destrucción, memoria, reconstrucción y contemporaneidad permanecen superpuestas.
Entre 2014 y 2018 desarrollé una investigación doctoral, en el marco de la doble titulación entre la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) y la Technische Universität Berlin (TU Berlin), centrada en La Isla de los Museos de Berlín. Transformación del paisaje construido. Aquella investigación me permitió comprender que la transformación urbana no era solamente mi objeto de estudio: se convirtió también en una manera de aprender a mirar.
Berlín como palimpsesto: construir sobre las huellas
Un palimpsesto conserva las huellas de escrituras anteriores, aunque sobre él se vuelva a escribir. Esta imagen permite comprender el paisaje construido como una realidad estratificada: cada generación transforma aquello que recibe, pero las capas anteriores no desaparecen completamente. Berlín hace visible esta condición.
La guerra, los bombardeos, la división entre Este y Oeste, el Muro, su caída, la reunificación y las sucesivas transformaciones urbanas escribieron nuevas capas sobre la ciudad. Algunas permanecen en edificios, ruinas, materiales, vacíos y espacios públicos. Otras sobreviven en la memoria colectiva y en las historias asociadas a los lugares.
Esta superposición genera sincretismos arquitectónicos y urbanos: relaciones entre fragmentos históricos, reconstrucciones e intervenciones contemporáneas que producen una nueva unidad sin necesidad de borrar sus diferencias. Desde esta perspectiva, transformar no significa necesariamente comenzar de cero.
Neues Museum: un caso precursor de arquitectura circular
Dentro de la Isla de los Museos, el Neues Museum constituye para mí el caso más revelador.
Diseñado por Friedrich August Stüler en el siglo XIX, el edificio sufrió graves daños durante la Segunda Guerra Mundial. Después permaneció durante décadas como una ruina expuesta al deterioro. David Chipperfield Architects ganó en 1997 el concurso para su reconstrucción y, tras un complejo proceso de intervención, el museo volvió a abrir en 2009.
El proyecto no pretendió devolver artificialmente el edificio a un supuesto instante perfecto de su pasado. Tampoco buscó borrar las cicatrices de la guerra. Su estrategia fue otra: trabajar con lo que había sobrevivido.
La estructura histórica conservada fue reparada; las diferentes fases de la vida del edificio fueron respetadas y las nuevas intervenciones completaron lo perdido sin imitarlo literalmente. Incluso determinadas nuevas partes fueron realizadas con ladrillo reciclado.
El Neues Museum se convierte así en un extraordinario palimpsesto arquitectónico: lo original, lo destruido, lo conservado y lo contemporáneo pueden leerse simultáneamente.
El 50%: materiales que esperaron décadas para volver
Durante mi investigación tuve acceso a una información especialmente significativa.
Según el colaborador de los arquitectos del proyecto del Neues Museum: Alexander Schwarz, a quien entrevisté personalmente en una entrevista inédita realizada para mi investigación, aproximadamente el 50 % del material empleado en la reconstrucción procedía de material existente y recuperado del propio edificio.
Este dato, que forma parte de mi investigación y no de las fuentes públicas consultadas para este artículo, adquiere una dimensión especial cuando pensamos en el tiempo. Parte de aquellos materiales había sobrevivido durante décadas. Habían sido rescatados, conservados y almacenados esperando la posibilidad de volver a formar parte de la arquitectura. El propio edificio también esperó.
Tras los graves daños de la Segunda Guerra Mundial, el Neues Museum permaneció durante más de medio siglo como una ruina en el corazón de Berlín. La documentación de David Chipperfield Architects señala que el edificio permaneció expuesto a la naturaleza durante más de cincuenta años; otras fuentes del proyecto describen incluso más de sesenta años de existencia como ruina.
Hay algo profundamente contemporáneo en esta historia: un material considerado ruina puede convertirse décadas después en recurso.
De las Trümmerfrauen a la arquitectura circular
Esta historia material forma parte de otra historia mayor: la reconstrucción de Berlín después de la Segunda Guerra Mundial.
Entre sus protagonistas aparecen las llamadas Trümmerfrauen, las “mujeres de los escombros”, asociadas a las tareas de retirada, recuperación, limpieza y preparación de materiales procedentes de los edificios destruidos.
En una ciudad devastada, los escombros no eran únicamente residuos. Los ladrillos podían limpiarse. Los elementos recuperables podían clasificarse. Los materiales podían volver a utilizarse. Aquella reutilización respondía a una situación histórica concreta, marcada por la destrucción y la escasez de recursos de la posguerra.
Décadas después, la pregunta vuelve a nosotros desde otra realidad. Ya no se trata solamente de reconstruir una ciudad destruida por la guerra. Nos enfrentamos a una crisis medioambiental que obliga a reconsiderar el consumo de recursos, la producción de residuos y la práctica de demoler para volver a construir.
El motivo histórico ha cambiado. Pero el gesto adquiere una sorprendente actualidad: recuperar, limpiar, reparar, conservar y volver a utilizar. De la necesidad a una nueva conciencia
Esta comparación no pretende equiparar dos crisis históricas radicalmente diferentes. Pretende reconocer un aprendizaje.
En la posguerra, reutilizar materiales fue en muchos casos una respuesta a la destrucción y a la escasez. Hoy, la arquitectura circular convierte esa capacidad de aprovechamiento en una estrategia frente a los desafíos ambientales. Lo que antes podía responder principalmente a la necesidad económica puede transformarse ahora también en una decisión ambiental, cultural y arquitectónica.
Aquí el Neues Museum adquiere una enorme vigencia. Su reconstrucción demuestra que los materiales existentes no son necesariamente un impedimento para la innovación. Las cicatrices tampoco tienen que desaparecer para que un edificio pueda tener una nueva vida.
David Chipperfield y Julian Harrap desarrollaron una intervención basada en la conservación de la materia original y en la incorporación de nuevos elementos allí donde eran necesarios. El propio estudio describe el resultado como un edificio que utiliza los restos como material y hace legibles diferentes momentos de su historia.
La cicatriz como memoria y como recurso
El Neues Museum introduce entonces una reflexión que trasciende la conservación patrimonial.
¿Qué es realmente una cicatriz? Una cicatriz evidencia una herida, pero también demuestra que algo ha sobrevivido.
En el edificio, las superficies deterioradas, las diferencias materiales y las huellas de la destrucción no fueron eliminadas completamente. Los museos estatales de Berlín explican que las cicatrices de la guerra fueron deliberadamente incorporadas a la restauración.
Esta decisión convierte la imperfección en memoria. Pero podemos avanzar un paso más: la cicatriz puede convertirse también en recurso de proyecto.
Aquí confluyen palimpsesto, sincretismo y arquitectura circular.
El palimpsesto nos permite leer las diferentes capas.
El sincretismo permite que esas capas dialoguen.
Y la arquitectura circular introduce una pregunta decisiva: ¿cómo podemos hacerlas continuar?
Antes de demoler, aprender a mirar
La sostenibilidad no depende únicamente de incorporar nuevas tecnologías o de inventar nuevos materiales.
También exige revisar nuestra relación con aquello que ya tenemos.
Antes de demoler un edificio deberíamos preguntarnos: ¿puede repararse?, ¿puede cambiar de uso?, ¿qué partes pueden mantenerse?, ¿qué materiales pueden recuperarse?, ¿cuánta energía y recursos contiene ya lo construido?, ¿qué memoria desaparecería con la demolición?
La propia experiencia del estudio de Chipperfield con edificios patrimoniales ha reforzado posteriormente el valor de reutilizar y restaurar construcciones existentes frente a la alternativa aparentemente más sencilla de demoler y reconstruir.
La arquitectura circular comienza, por tanto, mucho antes del reciclaje. Comienza con una decisión: no considerar residuo aquello que todavía puede tener valor.
Construir futuro desde lo que ya existe
Berlín me enseñó que una ciudad está viva precisamente porque cambia. Como un palimpsesto, conserva rastros de aquello que fue mientras continúa escribiendo nuevas historias. Como territorio de sincretismos, permite que materiales, arquitecturas, usos y tiempos diferentes convivan y produzcan nuevas realidades.
El Neues Museum condensa esta enseñanza. Durante décadas fue una ruina. Sus heridas permanecieron visibles. Parte de su materia fue conservada. Y aquello que parecía pertenecer exclusivamente al pasado pudo incorporarse a una nueva arquitectura.
La arquitectura circular nos plantea hoy un desafío similar a otra escala: dejar de entender automáticamente lo viejo, lo deteriorado o lo aparentemente obsoleto como residuo y comenzar a reconocerlo como un posible recurso.
Después de la guerra, Berlín tuvo que aprender a reconstruir desde sus escombros.
Hoy, frente a la crisis medioambiental, quizá tengamos que recuperar parte de ese aprendizaje desde una nueva conciencia.
El futuro no siempre comienza desde cero. A veces ya está contenido en aquello que hemos decidido conservar.
